El término bárbaro proviene del latín barbărus que, a su vez, deriva de un vocablo griego que significa “extranjero”. Se conoce como bárbaro al individuo que vivió en algunos de los pueblos que, a partir del siglo V, invadieron el Imperio romano.
Bárbaro también permite nombrar a todo aquel o aquello perteneciente o relativo a estos pueblos, que podían dividirse en los de raza blanca eslava, los de raza blanca no eslava y los de raza amarrilla. Los hunos, los galos y los germanos fueron algunos de los principales pueblos bárbaros.
Por otra parte, se conoce como invasiones bárbaras al conjunto de migraciones masivas que tuvo lugar entre el siglo III y el siglo VIII en Europa y la cuenca del Mediterráneo. Este proceso marcó la transición entre la Historia Antigua y la Edad Media.
La actitud general de estos pueblos ha asociado al adjetivo bárbaro con la crueldad, la violencia o lo temerario. Por ejemplo: “Pedro actuó como un bárbaro y atacó a palazos a todos los vecinos”, “Mi bárbaro hermano golpeó a su hijo”.
El comportamiento de los bárbaros originales también hizo que el adjetivo permita referirse a las personas incultas, toscas o groseras: “El presidente demostró ser un bárbaro al responder con semejante violencia a su adversario”.
En un sentido casi contrario, bárbaro es aquello excesivo, extraordinario, magnífico o excelente: “En una actuación bárbara, Argentina derrotó tres a cero a Brasil”, “Mi profesor estuvo bárbaro con su explicación sobre la Segunda Guerra Mundial”, “El tío se emborrachó e hizo un lío bárbaro”.