La disfasia es un trastorno que se produce por una supuesta lesión en el cerebro y que genera dificultades en el lenguaje. Por eso también se conoce a esta condición como trastorno específico del lenguaje (cuya sigla es TEL) o también como trastorno específico del desarrollo del lenguaje (en este caso, la sigla es TEDL).
Aunque pueda resultar extraño, la disfasia se define a partir de aquello que no es. Esto quiere decir que se considera como disfacia a la anomalía que se detecta en el lenguaje y que no puede atribuirse a una discapacidad intelectual, problemas en los sentidos, traumas psicológicos o lesiones cerebrales que resultan evidentes.
Por lo general, este trastorno es detectado en la niñez y se distingue de los retardos simples en el desarrollo del lenguaje en que éstos evolucionan con mayor rapidez. El diagnóstico de la disfasia incluye exámenes exhaustivos de las facultades cognitivas del sujeto y de su dominio del lenguaje a nivel fonologico, expresivo, léxico, etc.
Los problemas en la fluidez del lenguaje, las disfunciones en la articulación de los conceptos y las falencias en la sintaxis son algunos de los síntomas presentes en los cuadros de disfasia.
Los expertos afirman que los individuos afectados por disfasia que no reciben un tratamiento eficaz tienen tendencia a experimentar traumas en su psicología. El diagnóstico y el tratamiento deben depender del trabajo conjunto entre un neuropsicólogo y un terapeuta del lenguaje (logopeda).
Lo habitual es que el tratamiento incluya la presentación de diversos desafíos linguísticos en distintos contextos al paciente, incrementando su frecuencia.