Del latín scriptūra, el concepto de escritura está vinculado a la acción y las consecuencias del verbo escribir, que consiste en plasmar pensamientos en un papel u otro soporte material a través de la utilización de signos. Estos signos, por lo general, son letras que forman palabras.
Por ejemplo: “La lectura y la escritura son dos habilidades que toda persona debe desarrollar para integrarse a la sociedad”, “Amo la escritura: todas las noches me dedicó a crear poemas y otros textos literarios”, “Rodrigo tiene una escritura muy deficiente: comete numerosas faltas de ortografía”.
Puede entenderse a la escritura como un sistema que, mediante ciertos signos gráficos, permite la materialización de una lengua. La escritura, de este modo, posibilita desarrollar un tipo de comunicación cuyos antecedentes más remotos tienen más de 6.000 años.
Con el desarrollo del tiempo, la escritura adquirió dos formas. Por un lado, es ideográfica ya que permite transmitir una idea. Por otra parte, tiene una forma fonética al representar sonidos.
Otro uso del concepto de escritura refiere a una documentación que, gracias a la firma del sujeto que lo otorga y a la fe que da un notario, acredita un cierto derecho. El término suele emplearse con referencia al documento que atribuye la propiedad de un inmueble a una persona: “Mañana firmamos la escritura y ya podemos tomar posesión de la casa”, “Las autoridades le exigieron al hombre que muestre la escritura de la vivienda, ya que su vecino lo acusa de usurpador”.
Cuando se escribe con mayúscula inicial (Escritura), el término refiere a las Sagradas Escrituras, es decir, la Biblia.