El concepto de evolución proviene del término latino evolutĭo y hace referencia al verbo evolucionar y a sus efectos. Esta acción, por su parte, está vinculada un cambio de estado o a un despliegue o desenvolvimiento.
Por ejemplo: “Tenemos que esperar por la evolución del paciente en la etapa post-quirúrgica antes de determinar los pasos a seguir”, “El joven tenista colombiano ha mostrado una gran evolución en su juego”, “La evolución del negocio no fue la que esperábamos y tuvimos que abandonar el proyecto”.
Puede entenderse a la evolución como un proceso que desarrollan las cosas cuando abandonan un etapa y pasan a otra de manera gradual o progresiva. La evolución de un proyecto que deriva en la publicación de un libro, por citar un caso, atraviesa etapas sucesivas: una idea surge en la cabeza de un escritor, quien comienza a escribir unos borradores, después pasa el texto en limpio y finalmente da por terminado el trabajo de escritura. Llega entonces el momento de buscar un editor para la publicación y comercialización de la obra, etc.
La palabra también permite nombrar al movimiento que concretan los seres humanos, los animales o los objetos que se trasladan en trayectoria curva.
La evolución biológica, por otra parte, es un proceso que realizan las especies y que implica ciertas modificaciones en sus organismos a medida que pasan las generaciones. Esta evolución genera una alteración en la genética de una población que podría derivar en la adaptación de la especie a un nuevo hábitat o el surgimiento de una especie diferente.