La palabra gas fue inventada por el científico J. B. van Helmont en el siglo XVII, a partir del vocablo latino chaos. Se trata de un fluido que tiende a expandirse de manera indefinida y que se caracteriza por su pequeña densidad. Puede decirse que se trata del estado de agregación de la materia que no tiene forma ni volumen propio, a diferencia de los sólidos y de los líquidos.
El término se utiliza, de forma genérica, para referirse a los gases combustibles que se utilizan en el hogar o la industria. Por ejemplo: “Cuidado con esa hornalla que tiene poco gas y no cocina bien”, “Tenemos que pagar el gas o lo van a cortar y nos tendremos que duchar con agua fría”.
Por otra parte, el gas es la mezcla de carburante y de aire que permite alimentar el motor de un automóvil u otro vehículo: “Tengo que cargar gas al coche así podemos llegar a la playa sin problema”, “Quiero comprarme un auto que funcione a gas porque es más barato que la nafta”.
Gracias a su capacidad como combustible, la noción de gas se utiliza, en sentido figurado, como sinónimo de fuerza, ímpetu y energía: “A este equipo hay que darle gas, no puede ser que pierda tres partidos seguidos como local”, “Me hace falta gas, no aguanto otra noche despierto por culpa del estudio”.
Por último, cabe destacar que se conoce como gas a todos aquellos gases que se producen en el aparato digestivo. Las flatulencias son las mezclas de gases expulsadas por el ano con sonidos y olores característicos.