El adjetivo inmobiliario refiere a aquello perteneciente o relativo a las cosas inmuebles. Un inmueble, por su parte, es un bien que se encuentra unido a un terreno de modo inseparable, tanto física como jurídicamente. Los edificios y las parcelas son bienes inmuebles.
Por ejemplo: “El gobierno anunció que ha autorizado un emprendimiento inmobiliario en las playas del sur”, “Estoy muy contento: nos han otorgado un crédito inmobiliario para construir un nueva casa”, “La oferta inmobiliaria de este barrio es muy variada y se pueden encontrar desde casas antiguas hasta propiedades a estrenar”.
Como sustantivo, una inmobiliaria es una empresa dedicada a la construcción, la venta, el alquiler y la administración de viviendas. Cada inmobiliaria puede realizar todas estas actividades o sólo algunas (como limitarse a la venta y el alquiler de las propiedades): “Mañana tenemos que ir a la inmobiliaria a firmar el contrato de alquiler”, “El encargado de la inmobiliaria dijo que pasará mañana por la casa para tasarla”, “Ya hemos visitado cuatro inmobiliarias y aún no encontramos ninguna vivienda acorde a nuestras necesidades”.
La inmobiliaria, por lo general, dispone de un local donde los interesados en los inmuebles pueden acercarse tanto para consultar la oferta de viviendas en alquiler o en venta, como para ofrecer sus propias casas. La inmobiliaria se encarga de promocionar las propuestas y realizar las gestiones correspondientes para acercar a las partes, cobrando comisiones por eso.
Veamos el funcionamiento del negocio. Un hombre solicita a una inmobiliaria que gestione el alquiler de una casa de su propiedad. La inmobiliaria publica un aviso en un diario y una familia se acerca dispuesta a alquilar la casa. Al concretarse la operación, la inmobiliaria cobrará un porcentaje del contrato al dueño de la casa y otro a quien alquila.