Del latín inquietūdo, inquietud es la falta de quietud. El término se utiliza para nombrar a la conmoción, el alboroto, el desasosiego o la desazón. Por ejemplo: “Las palabras del presidente de la empresa generaron inquietud entre los trabajadores”, “Saber que el asesino sigue en libertad me produce una gran inquietud”, “La inquietud de los animales ante cada tormenta es evidente”.
Puede entenderse a la inquietud como un estado de nerviosismo que se produce ante una determinada situación. La persona que está inquieta no tiene paz interior ni puede relajarse, ya que hay algo que le genera preocupación. De esta manera, cuando a un trabajador le informan que tiene que ir a hablar con su jefe, puede sentir inquietud por la situación ya que su superior tal vez le informe que será sancionado o despedido. Hasta no hablar con su jefe, pues, el empleado se sentirá inquieto.
La inquietud también puede analizarse como un síntoma de la ansiedad. Al estar inquieta, la persona no puede concentrarse en lo que está haciendo debido a que su atención y sus pensamientos están focalizados en otra cuestión. Esto hace que la inquietud pueda causar problemas cotidianos.
Inquietud, por otra parte, puede ser la inclinación del ánimo hacia algo: “Juan Manuel siempre tuvo inquietudes artísticas”, “Mi inquietud literaria me llevó a estudiar la obra de los principales poetas chilenos del siglo XX”, “Me molesta la gente que no tiene ninguna inquietud y que se conforma con cumplir con sus obligaciones diarias y nada más”.