Se conoce como logoterapia a una variante de la psicoterapia que gira en torno a la presentación del concepto de voluntad de sentido como primera motivación del hombre. Según los expertos, se trata de la tercera escuela vienesa enmarcada en el campo de la psicología, por detrás del psicoanálisis impulsado por Sigmund Freud y de la psicología individual que desarrolló Alfred Adler.
Este tipo de psicoterapia que promovió el neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl haya su base en el análisis existencial; su voluntad de sentido posee un significado opuesto al de la voluntad de placer identificada con Freud y a la voluntad de poder expuesta por Adler.
Frankl, quien durante algún tiempo estuvo cautivo en un campo de concentración, explicó con el paso de los años que consiguió sobrevivir gracias a que pudo dar un logos (sentido o significado) a su existencia. Sus vivencias inspiraron el contenido del libro que, en español, se conoció bajo el título de “El hombre en busca de sentido”. Cabe destacar que la logoterapia permite examinar un plano psicológico que no es muy explorado por los paradigmas psicoterapéuticos que la precedieron.
Entre los principales postulados de la logoterapia, además de la ya mencionada voluntad de sentido (la cual permite demostrar que el animatismo del hombre lo distingue frente a cualquier especie del reino animal o vegetal), se encuentran la libertad de voluntad (que asegura que todo sujeto está capacitado para tomar decisiones personales y goza de la libertad necesaria para elegir su propio destino) y el sentido de vida (en este contexto, la logoterapia constituye una percepción del mundo de raíz positiva).
Los métodos de Frankl aplicados a la logoterapia giran en torno al diálogo para descubrir qué es lo que da sentido a la vida de una persona, pero también aborda las dolencias de carácter psíquico desde un punto de vista médico (por citar un caso concreto a modo de ejemplo, al recetar un tratamiento hormonal a quien sufre depresión).