Del latín maturatĭo (“aceleración”), el concepto de maduración hace referencia a la acción y efecto de madurar. Este verbo, a su vez, permite nombrar el acto de dar sazón a los frutos o al hecho de adquirir pleno desarrollo físico e intelectual. La maduración también implica poner en su debido punto con la meditación una idea, un proyecto o un designio, según explica la Real Academia Española (RAE).
El proceso de maduración implica varias transformaciones en las frutas. Por ejemplo, se produce la degradación de la clorofila y la aparición de pigmentos amarillos llamados carotenos y rojos denominados antocianos. También tiene lugar la degradación de la pectina que forma la estructura y la transformación del almidón en azúcares, junto a la disminución de la acidez y la pérdida de la astringencia.
El etileno, un compuesto químico que produce la fruta antes de madurar, es clave en el proceso de maduración. El control de su producción es imprescindible para su conservación. Cabe destacar que la manipulación de la maduración puede realizarse con modificaciones en los niveles de oxígeno, dióxido de carbono y etileno, o a través de cambios en la temperatura.
De todas formas, la fruta suele ser consumida siempre como fruta fresca, ya que el almacenamiento prolongado no es adecuado. Muchas especies frutales no pueden ser conservadas frescas, debido a que tienden a descomponerse rápidamente
Por otra parte, se conoce como período medio de maduración al tiempo que transcurre desde que se invierte una unidad monetaria en una empresa hasta que es recuperada en liquidez mediante el proceso de venta y cobro.
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