Meseta proviene del diminutivo de mesa. El término, muy utilizado en la geología y la geografía, permite nombrar a la planicie que se encuentra situada a una altura considerable sobre el nivel del mar. Estas planicies elevadas pueden surgir por la acción de fuerzas tectónicas o por la erosión del terreno.
En el primer caso, las fuerzas ejercidas sobre la horizontalidad del terreno encuentran fallas que producen la elevación. En el caso de la erosión, se forman ríos que profundizan el terreno y que dejan ciertas zonas aisladas y a mayor altura.
Cabe destacar que existen mesetas submarinas, aparecidas por el hundimiento o la inundación de mesetas que, en la antigüedad, se encontraban emergidas. Un ejemplo de meseta submarina son las Islas Seychelles, que ocupan un territorio separado del continente por el agua.
Las mesetas que se encuentran a mayor altura son la Meseta del Tíbet (a más de 4.000 metros de altitud) y el Altiplano Andino (a más de 3.000 metros de altura). Respecto al terreno circundante, los tepuys de Venezuela, Brasil y Guyana son las mesetas más altas, con paredes verticales de más de un kilómetro de altitud.
Otro uso del término meseta hace referencia a la porción de piso horizontal en que finaliza un tramo de escalera. Por ejemplo: “Voy a subir la caja hasta la meseta, ahí aprovecharé para descansar unos minutos, y luego continuaré subiendo hasta llegar al piso superior de la casa”.
El sentido metafórico de meseta refiere a algo que se encontraba en ascenso y que, llegado un cierto momento, deja de subir, pero tampoco desciende: “La economía se encuentra en una meseta, sin grandes cambios”.