Un milagro es un hecho que no puede explicarse a partir de las leyes naturales y, por lo tanto, es atribuido a una intervención sobrenatural o divina. La definición del término, de todas formas, varía de acuerdo a las creencias religiosas.
Para el cristianismo, un milagro es un hecho natural en el cual se manifiesta el amor de Dios hacia las personas. Pese a que la comprobación de un milagro podría llegar a demostrar la existencia de Dios, los teólogos cristianos no creen que haya que buscar evidencias científicas para certificar la presencia divina.
Los católicos definen al hecho milagroso como aquel que, justamente, no tiene explicación científica. Si el milagro es supuestamente realizado por una persona fallecida, el Vaticano puede proceder a beatificarla y canonizarla.
El ateísmo sostiene que la postulación de milagros está vinculada a la falta de sentido común. No se trata, de acuerdo a esta postura, de una intervención sobrenatural, sino de hechos que escapan a la comprensión humana por falta de información y conocimientos.
La ciencia, por su parte, se limita a afirmar que la intervención de una entidad todopoderosa en el universo físico no puede ser estudiada a partir del método científico ya que no es posible comprobar la existencia de Dios a través de un experimento.
Para el lenguaje cotidiano, por último, un milagro puede ser cualquier tipo de suceso extraordinario o maravilloso. Por ejemplo: “Perdíamos dos a cero y, finalmente, ganamos tres a dos: fue un milagro”, “Lo que le ocurrió a Marcos fue un milagro, el mismo día que lo despidieron del trabajo ganó la lotería”.
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