Del latín misericordĭa, la misericordia es una virtud del ánimo que lleva a compadecerse de las miserias ajenas. Se trata de una actitud bondadosa que, por lo general, puede mostrar una persona acaudalada hacia otra más necesitada, o un sujeto que se siente ofendido hacia su ofensor.
Para el cristianismo, la misericordia es un atributo divino. Los fieles piden misericordia a Dios para que éste tenga piedad por sus pecados y desobediencias. Al pedir misericordia, se está pidiendo consideración, amabilidad y perdón.
De acuerdo a las palabras de Jesús, el hombre debe ser misericordioso con sus prójimos para ser tratado, entonces, con misericordia. La misericordia se opone al rencor, la venganza y el desprecio, entre otras actitudes y sentimientos.
La misericordia puede ser tanto material como espiritual. Ofrecer alimento a un hambriento, dar un techo a quien no tiene casa o regalar ropa a alguien que viste con harapos son obras de misericordia, al igual que enseñar a quien no tiene acceso a la educación, consolar a quien se encuentra afligido o perdonar al que se equivoca.
Es importante distinguir entre la misericordia y la lástima, ya que ésta última es pasajera y se aplica al sujeto que la provoca (y no al que siente). Por ejemplo: al ver un hombre pidiendo limosna, otro sujeto puede sentir lástima (por el infortunado) y expresar su actitud misericordiosa invitándolo a cenar a su hogar.
Otros usos del término misericordia están vinculados a la pieza en los asientos de los coros de las iglesias que permiten descansar disimuladamente y al puñal que utilizaban los caballeros de la Edad Media para ultimar a sus enemigos.