Omnisciente es un término formado por dos vocablos latinos que significa “que sabe todo”. Se trata de un adjetivo que permite nombrar al que tiene omnisciencia, es decir, que tiene conocimiento de todas las cosas reales y posibles.
La definición del concepto permite inferir que Dios es el único ser omnisciente. Los seres humanos no están en condiciones de conocer todas las cosas ya que dicho atributo excede a la propia condición humana. Por eso, cuando se dice que una persona es omnisciente, se hace referencia a que tiene conocimientos de muchas ciencias o materias.
Puede distinguirse entre dos tipos de omnisciencia. La omnisciencia total consiste en saber todo lo que se puede hacer (lo real y lo potencial). La omnisciencia inherente, en cambio, es la capacidad de saber todo lo que se puede y desea saber.
El ateísmo se basa en el concepto de omnisciencia para señalar algunas las contradicciones implícitas en la creencia en Dios. Para los ateos, la omnisciencia supone que Dios habría creado todo el conocimiento y que, además, tendría conciencia del mismo de antemano (lo que representa una contradicción circular: es imposible saber todo antes de que existieran los conocimientos que saber).
Por otra parte, si Dios es omnisciente, el libre albedrío no existiría ya que Dios sabría todo de antemano y, por lo tanto, los seres humanos ya estarían predestinados.
En la literatura, la omnisciencia se utiliza para explicar los posibles roles del narrador dentro de una historia. El narrador omnisciente suele aparecer en tercera persona y está en condiciones de describir los sentimientos de los personajes o explicar sucesos simultáneos.