La onicofagia es la costumbre de comerse las uñas. Se trata de un concepto que proviene del griego onyx (“uña”) y phagein (“comer”).

OnicofagiaLa onicofagia aparece en estados de ansiedad y suele estar asociada al nerviosismo y al estrés. Cuando se vuelve crónica (es decir, se establece en los sujetos ansiosos), la onicofagia puede ser desencadenada por el hambre, el aburrimiento o la inactividad, mientras que también puede constituirse como un síntoma de un desorden mental o emocional.

Entre los efectos negativos de esta costumbre se encuentra el transporte de gérmenes de las uñas a la boca y viceversa, que puede llevar a la hinchazón del dedo y promover el surgimiento de pus.

Por otra parte, el mordedor compulsivo de uñas también suele comerse la cutícula y la piel de alrededor, con lo que se provoca heridas que pueden ser infectadas con microbios o virus. Por último, el hábito crónico de morderse las uñas es perjudicial a largo plazo para la sustancia adamantínea frontal de los dientes, lo que aumenta la caries en las zonas afectadas.

La onicofagia puede ser tratada con medicamentos, como antidepresivos, clomipramina, fluoxetina, sertralina, paroxetina, fuvoxamina, citalopram, nefazodona, escitalopram y venlafaxina. Hay especialistas que prefieren recetar pequeñas dosis de antipsicóticos, como risperidona, olazopina, quetiapina, ziprasidona y aripiprazol. Otra opción es el suministro de vitamina B, que reduce las ganas de morderse las uñas gracias al incremento de la serotonina en el cerebro.

Por otra parte, la onicofagia se trata con terapia de conducta, que promueve el cambio de hábitos.