En el ámbito médico se define parálisis facial a la pérdida absoluta del movimiento muscular voluntario de un lado del rostro humano. Alrededor del 75 por ciento de todos los cuadros de parálisis facial son consecuencia de una afección que se conoce como parálisis de Bell, un mal que provoca una inflamación o trauma en el nervio facial.
La parálisis de Bell, de acuerdo a los expertos que la han investigado, es una modalidad de parálisis facial temporal. El nervio facial, conocido también con el nombre de séptimo par craneano, es una estructura organizada por pares que se extiende por un conducto óseo estrecho (el canal de Falopio) del cráneo. En gran parte de su recorrido, este nervio está introducido en este canal.
Cada nervio facial hace posible el movimiento de los músculos de cada lado y transporta impulsos nerviosos hacia las glándulas lagrimales, las glándulas salivares y los músculos del estribo. El nervio facial conduce además sensaciones del gusto que proceden de la lengua. Al manifestarse la parálisis de Bell, la función del nervio facial queda interrumpida.
Cabe resaltar que la parálisis facial puede surgir como una consecuencia directa de un trauma de nacimiento, por un tumor cerebral (en estos casos, surge de manera lenta y se manifiesta con dolores de cabeza, convulsiones o pérdida de la audición) o por un accidente cerebrovascular (el ojo en el lado afectado se cierra y la frente se arruga).
En cuanto al tratamiento de la parálisis facial, se puede decir que, en ciertos casos, se recomiendan esteroides y aciclovir. Cuando el ojo no puede ser cerrado de forma total, es necesario proteger la córnea contra la resequedad usando gotas o un gel oftálmico lubricante de prescripción médica.