Del latín petrolĕum, que a su vez deriva de un vocablo griego que significa “aceite de roca”, el petróleo es un líquido natural oleaginoso que está formado por una mezcla de hidrocarburos. Se obtiene de lechos geológicos, ya sean continentales o marítimos.
El petróleo es inflamable y, a partir de distintos procesos de destilación y refino, permite producir nafta, gasóleo, queroseno y otros productos que se utilizan con fines energéticos.
Los primeros registros sobre la utilización del petróleo se remontan unos 6.000 años atrás, cuando los asirios y los babilonios lo utilizaban para pegar ladrillos y en la medicina. Los egipcios apelaban al petróleo para engrasar pieles, mientras que los indígenas precolombinos lo usaban para pintar esculturas.
La primera destilación de petróleo se habría realizado en el siglo IX, cuando el árabe Al-Razi obtuvo queroseno y otros destilados para la utilización en la medicina y en el ámbito militar. A partir del siglo XIX, se popularizó el refinamiento de petróleo para obtener aceites fluidos que podían usarse en el alumbrado.
El petróleo es una fuente de energía no renovable: esto quiere decir que, una vez que se agote, ya no podrá ser obtenido bajo ninguna circunstancia. Las estadísticas hablan que, de mantenerse el actual ritmo de extracción y sin que se encuentren nuevos yacimientos, las reservas mundiales de petróleo se agotarán en menos de cincuenta años.
Aunque esto supondría un grave problema para la Humanidad, lo cierto es que el petróleo es un material contaminante (su combustión produce CO2, por ejemplo) y difícil de limpiar ya que es insoluble en el agua.