Del latín positūra, la postura es la posición o actitud que alguien adopta en determinado momento o respecto de algún asunto. En el sentido físico, la postura está vinculada a las posiciones de las articulaciones y a la correlación entre las extremidades y el tronco.
La postura del cuerpo suele estar relacionada al espacio, tanto físico como social, que le rodea. Por ejemplo: si un hombre muy alto ingresa a una habitación con el techo bajo, deberá adoptar una cierta postura para evitar golpearse la cabeza. Esta postura, por lo tanto, estará determinada por el espacio físico.
Si, en cambio, una persona se encuentra frente a la tumba de un ser querido y agacha la cabeza, la postura obedece a un ritual cultural o simbólico. Nada físico obliga al sujeto a adoptar esa postura, sino que se trata de una actitud de recogimiento frente a una pérdida afectiva.
Las pautas de comportamiento y las reglas sociales tienen una gran incidencia en las posturas que se adoptan en público. Un adulto no debe sentarse y apoyar sus pies en otra silla, ya que dicha postura sería asociada a la mala educación o a la falta de respeto. Un militar tampoco puede adoptar cualquier postura frente a un superior: debe estar firme y con la cabeza erguida, sino estaría demostrando que no respeta la autoridad y la escala jerárquica.
La postura, como actitud, hace referencia al pensamiento de una persona: “Mi postura es que no tenemos que ir a una fiesta a la cual sólo nos invitaron por obligación”, “Según tu postura, debería golpear a mi jefe por cada reto”.