Del latín querella, el término querella tiene su significado original en la expresión de un sentimiento doloroso o un dolor físico. El concepto, sin embargo, está muy vinculado al ámbito del derecho en lo referente a las discordias y las disputas.
Una querella, por lo tanto, es un acto que puede ser ejercido por un particular o un fiscal ante un tribunal o un juez como una acción penal contra personas a las que acusa por un delito.
La querella puede ser interpuesta por cualquier ciudadano que se considere afectado por un delito, ya sea contra su persona como contra sus bienes. El objetivo de la querella es la persecución de la condena del delincuente que ha ocasionado un daño.
La persona que presenta una querella ante el juez competente se conoce como querellante, mientras que aquel que resulta demandado es el querellado. Las querellas más habituales se llevan adelante por delitos privados como las calumnias o las injurias.
Es habitual que las figuras públicas se conviertan en querellantes al considerar que alguien manchó su buen nombre al realizar declaraciones injuriosas. Por ejemplo: “Un famoso cantante presentó una querella contra el director de la revista después de las acusaciones por violencia doméstica”, “Si no se retracta inmediatamente, lo voy a querellar”.
Se conoce como querella de las investiduras, por último, a un conflicto que se desarrolló entre 1073 y 1122 y que involucró a los papas y reyes cristianos. El enfrentamiento se desató por la concesión de beneficios y la entrega de títulos eclesiásticos.