La reputación es la consideración, opinión o estima que se tiene a alguien o algo. El concepto está asociado al prestigio. Por ejemplo: “Voy a invitarte a un restaurante que tiene muy buena reputación”, “El delantero llegó al equipo precedido por su mala reputación en lo referente a la conducta y el apego a las normas”, “El Dr. Casero no debería actuar de esa forma: está en juego su reputación y su futuro profesional”.
Dependiendo del contexto, el término puede ser utilizado con una connotación negativa. Ese es el caso de las personas o los lugares que tienen una notoriedad evidente por alguna característica poco digna de destacar. Por lo tanto, la opinión pública ya conoce la mala reputación en cuestión: “La cantante no hizo nada para desmentir su reputación y se mostró fría y distante con quienes se acercaron a saludarla”, “Ya conocíamos la reputación del hotel, pero la verdad que tuvimos elegirlo porque es muy barato”.
Construir una reputación positiva es una tarea que lleva años y que requiere de coherencia. Resulta mucho más difícil alcanzar una buena reputación (es decir, ser admirado y respetado por otros) que destruirla por una acción equivocada o un comentario desacertado.
Un político puede haber tenido un trabajo intachable durante décadas, demostrando su honestidad y su compromiso con los votantes. Sin embargo, si un día hace una declaración pública polémica o cuestionable (con contenido discriminatorio, por ejemplo), su reputación quedará gravemente afectada. A consideración de la sociedad, los logros de su trayectoria serán minimizados, ya que lo negativo es lo que suele prevalecer.