La noción de salsa tiene dos grandes usos: por un lado, se trata de la mezcla formada por varias sustancias comestibles que se utiliza para condimentar o aderezar las comidas. Por otra parte, es un género musical bailable, con influencia afrocubana, que es ejecutado por instrumentos tradicionales del Caribe.
En cuanto a su vinculación con la gastronomía, existen diversos tipos de salsas. Por lo general, se usan para acompañar las pastas, como fideos, ñoquis, ravioles o cualquier otra. La salsa blanca, por ejemplo, es aquella que se hace con harina y manteca.
La salsa boloñesa o bolognesa incluye carne picada, tomate y especias. La salsa mahonesa o mayonesa se elabora a partir de aceite y huevo batido. La salsa rosa, la salsa tártara y la salsa provenzal, por ejemplo, son otros tipos de salsas.
Como género musical, la salsa nació a mediados de la década de 1960 entre Nueva York y Puerto Rico. Por supuesto, sus antecedentes son muchos más remotos. Los primero intérpretes de salsa (el nombre, como puede suponerse, proviene de la integración de distintos componentes) apelaron a las combinaciones entre el mambo, la guaracha y el latin jazz, entre otros ritmos.
Un aspecto clave en el desarrollo de la salsa fue el exilio de muchos cubanos tras la revolución encabezada por Fidel Castro. Los cubanos llevaron sus ritmos como el son y los mezclaron con otros, contribuyendo al desarrollo de la salsa. Este mismo hecho hace que muchos cubanos socialistas consideren que la salsa, como género musical con sus propias especificidades, no existe, sino que es una versión comercial del son.