Para la biología, la sinestesia es la impresión que sentimos en una cierta región corporal a partir de un estímulo aplicado en otra diferente. Por eso se habla de sensación asociada o, en ocasiones, de sensación secundaria.
La psicología, por su parte, denomina sinestesia a una imagen propia de la subjetividad que resulta característica de un sentido, pero que está fijada por una sensación diferente que incide sobre otro sentido.
Es posible diferenciar entre la sinestesia de primer grado (que abarca a las sensaciones que proceden de distintas fuentes del cuerpo) y la sinestesia de segundo grado (vincula una emoción con un sentido corporal).
La sinestesia, en definitiva, implica una mixtura de impresiones que se perciben mediante distintos sentidos. Por eso suele decirse que la persona sinestésica tiene la capacidad de escuchar un color o de observar la música, por ejemplo. La causa de esta particularidad radica en el establecimiento de una correspondencia entre los diversos sonidos y las tonalidades de color,
Cabe destacar que estas experiencias no son metafóricas sino que son percepciones. La sinestesia también es un efecto producido por ciertas drogas, entre las que se pueden nombrar a la mescalina o al ácido lisérgico.
El Dr. G.T.L. Sachs fue el primer especialista en explicar las características de este fenómeno, en 1812. Con el tiempo se descubrió que la sinestesia es más frecuente entre quienes padecen autismo y que, incluso, ciertas clases de epilepsia pueden generar percepciones de este tipo.
En el ámbito de la retórica, por último, la sinestesia es una tropo que se encarga de vincular dos sensaciones cuyo origen se halla en sentidos corporales diferentes: “Verde chillón”.