Del latín solĭtas, la soledad es la carencia de compañía. Dicha carencia puede ser voluntaria (cuando la persona decide estar sola) o involuntaria (cuando el sujeto se encuentra solo por distintas circunstancias de la vida).
La soledad, por lo tanto, implica la falta de contacto con otras personas. Se trata de un sentimiento o estado subjetivo, ya que existen distintos grados o matices de soledad que pueden ser percibidos de distintas formas según la persona.
En principio, la soledad absoluta no existe. Siempre hay alguna persona con quien se mantiene una cierta cercanía, ya sea física o emocional. Por otra parte, la soledad en determinados periodos es valorada por muchas personas e, incluso, hay quienes la consideran como imprescindible para descansar o concentrarse.
Más de las diferencias personales, la soledad durante periodos extendidos suele ser considerada como algo que causa dolor e insatisfacción. Por eso la gente tiende a buscar el contacto social ya sea en reuniones, paseos o salidas.
Los monjes de ciertas congregaciones deciden vivir en soledad como una forma de conectarse con su mundo interior (espiritual). Incluso hay grupos de monjes que, pese a vivir en comunidad, no mantienen ni siquiera conversaciones entre sí
Ejemplos de uso del concepto de soledad: “Acabo de divorciarme: ahora quiero vivir unos meses en soledad para ordenar mis ideas”, “Voy a viajar al campo para estar un poco en soledad y poder dedicarme a escribir mi próxima novela”, “Estoy harta de la soledad, nadie me llama ni se preocupa por mi”.
Soledad también es un nombre femenino, compartido por personalidades como la cantante Soledad Pastorutti o la actriz Soledad Silveyra.
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