Sólido, del latín solĭdus, es algo fuerte, macizo o firme. Por ejemplo: “Necesito una madera sólida para construir una mesa donde pueda apoyar el televisor nuevo”, “Ayer fui a ver una casa, pero no me gustó ya que no parecía muy sólida”, “Tengo que comprar una plancha de cartón sólido para que mi hijo lleve a la escuela”.
Los cuerpos sólidos, por otra parte, son aquellos que mantienen forma y volumen constantes gracias a la gran cohesión de sus moléculas. La fase sólida es uno de los cuatro estados de agregación de la materia, junto al líquido, el gaseoso y el plasmático.
Entre las propiedades de los sólidos, se destacan la elasticidad (un sólido puede recuperar su forma original cuando es deformado), la dureza (no puede ser rayado por otro cuerpo más blanco) y la fragilidad (los sólidos pueden romperse en muchos pedazos ya que son quebradizos).
A baja temperatura y presión constante, los cuerpos sólidos forman generalmente estructuras cristalinas. Esto les permite soportar fuerzas sin deformarse en apariencia. Los sólidos suelen gozar de forma y volumen definidos (a diferencia de los líquidos o los gases) y tienen alta densidad (sus moléculas están muy cerca).
Un ejemplo de estado sólido es el hielo (agua congelada). Esta misma sustancia, formada por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, puede encontrarse en estado líquido (en los océanos) o en estado gaseoso (el vapor).
En otro sentido, sólido es aquel o aquello que está bien asentado o que se sostiene con razones verdaderas: “El argumento de la defensa fue muy sólido y alcanzó para ganar el juicio”, “Quiero un candidato sólido para mi hija, que tenga un buen futuro”.