Definición de sonido

Del latín sonitus, un sonido es una sensación que se genera en el oído a partir de las vibraciones de las cosas. Estas vibraciones se transmiten por el aire u otro medio elástico.

Sonido

Para la física, el sonido implica un fenómeno vinculado a la difusión de una onda de características elásticas que produce una vibración en un cuerpo, aun cuando estas ondas no se escuchen.

El sonido audible para los seres humanos está formado por las variaciones que se producen en la presión del aire, que el oído convierte en ondas mecánicas para que el cerebro pueda percibirlas y procesarlas.

Al propagarse, el sonido transporta energía pero no materia. Las vibraciones se generan en idéntico rumbo en el que se difunde el sonido: puede hablarse, por lo tanto, de ondas longitudinales.

Se ha estimado que el sonido, cuando se registra una temperatura de veinte grados centígrados, alcanza una velocidad en el aire de trescientos cuarenta metros por segundo. Cabe destacar, por lo tanto, que la velocidad que consigue el sonido es superior en los medios sólidos que en los líquidos, y que es mayor en éstos últimos que en los gases.

Se conoce como potencia acústica, por otra parte, a la cantidad energética en forma de ondas que emite una cierta fuente por unidad de tiempo. Esta potencia depende de la amplitud (la variación más grande de desplazamiento del movimiento ondulatorio).

Las cualidades principales del sonido son la altura (grave, agudo o medio, según la frecuencia de las ondas), la duración (el tiempo en el cual se mantiene el sonido), el timbre (su rasgo característico) y la intensidad (la cantidad de energía que contiene).

Efectos de sonido para producciones audiovisuales

El cine suele destacarse principalmente por los logros visuales, se trate de grandes mundos generados por ordenador o de seres míticos de proporciones colosales que han sido mezclados con la realidad de una forma tan cuidada que parecen estar allí. Dependiendo de la sensibilidad musical, las piezas compuestas para la banda sonora son también respetadas, y muchas veces se convierten en mitos.

Sin embargo, hay un aspecto de las películas que en general pasa desapercibido: los efectos de sonido. Es probable que mucha gente asuma que si se oyen pasos sobre hojas secas, o el aullido de un lobo, o bien el ruido producido por una avalancha de nieve que arremete contra los árboles y las cabañas a su paso, estos hayan sido grabados naturalmente. Por sorprendente o increíble que parezca, la mayoría de dichos sonidos son “fabricados” en estudios especializados, que se valen de todo tipo de trucos para dar vida a una guerra, un robot gigantesco o a la naturaleza misma.

Pensando en una superproducción, resulta fascinante que una escena en un bosque necesite de efectos creados en una sala cerrada llena de instrumentos musicales, sintetizadores y ordenadores para tener sonido y generar esa sensación de inmensidad, de paz, para reproducir los cantos de los pájaros, el soplido del viento acariciando las hojas.

Lo más interesante del proceso de creación de efectos es la búsqueda del sonido adecuado para cada caso; se utiliza todo tipo de elementos, desde objetos que la gente suele tener en sus casas, como vasos de vidrio, cubiertos, trozos de papel y cartón, hasta lo que la imaginación dicte a los creativos, que tienen a su cargo una tarea tan difícil como ignorada. Se toman decisiones que la audiencia no consideraría posibles ni necesarias, ya que muchas veces se evita realizar la misma acción que ocurre en pantalla para optar por un camino alterno que, si bien puede parecer absurdo, genera un resultado más eficaz e impactante.

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