Del latín ulcĕra (plural de ulcus), una úlcera es una lesión abierta con pérdida de sustancia en los tejidos orgánicos, que suele aparecer acompañada por la secreción de pus. La úlcera carece de capacidad de cicatrización espontánea y está sostenida por causas internas o un vicio local.
Otra definición permite considerar a la úlcera como la solución de continuidad o rotura de una superficie epitelial del organismo, que puede ir acompañada de una inflamación y/o infección.
Se conoce como úlcera por presión al daño localizado en la piel a causa de la presión, fricción o roce. Es común que este tipo de llagas aparezca en las prominencias óseas (como los talones o caderas) y que se desarrolle en personas inmóviles. Al estar todo el día en cama, el tejido se daña y se produce la úlcera.
De acuerdo a la gravedad, la úlcera por presión puede calificarse de primer grado (con la piel enrojecida), segundo grado (la piel se agrieta y se forman vesículas), tercer grado (pérdida de continuidad de la piel y aparición de necrosis) o cuarto grado (la úlcera necrótica alcanza al músculo, los nervios y los huesos).
La úlcera péptica, por otra parte, afecta a la mucosa que recubre el duodeno o el estómago. Este trastorno es causado por la bacteria Helicobacter pylori y sus síntomas son acrecentados por el ácido, los alimentos picantes y las tensiones, entre otros factores.
Las aftas, por último, son úlceras mucosas que aparecen como pequeñas llagas en la mucosa oral y que se encuentran rodeadas de una zona de eritema.