Yeso es un término que procede del latín gypsum, aunque su origen se remonta a la lengua griega. Se trata del sulfato de calcio hidratado, que suele ser blanco y que resulta compacto o terroso.
El yeso se deshidrata mediante la acción del fuego y logra endurecerse con rapidez cuando se amasa con agua. Este material es utilizado en el ámbito de la construcción, en la escultura artística y en la medicina (para mantener en su lugar un hueso roto tras una fractura).
Como producto industrial, el yeso es el sulfato de calcio semihidratado y suele conocerse como yeso cocido. Se vende en forma de polvo, es decir, molido.
Entre los usos del yeso, puede destacarse su utilización como pasta para revoques, guarnecidos o juntas y para la prefabricación de paneles para techos. El yeso también funciona como aislante térmico y puede usarse en la fabricación de cemento. Por ejemplo: “Los albañiles me pidieron que compre más yeso para la obra ya que aún queda mucho trabajo por hacer”, “Voy a aplicar yeso en la habitación de María para que no pase tanto frío por las noches”.
Los artistas apelan al yeso para la elaboración y reproducción de esculturas: “Aquí podemos ver cómo el escultor imaginó el rostro de Cristo y lo plasmó en el yeso”, “Mi madre compró un Buda de yeso para colocar en el jardín”.
En el campo de la salud, por último, el yeso se usa para confeccionar moldes de dentaduras y como férula para inmovilizar el hueso y facilitar su regeneración después de una fractura: “A Javier le tuvieron que poner un yeso porque se quebró la pierna jugando al fútbol”, “Estoy muy feliz: mañana me quitan el yeso y podré volver a usar mi brazo con comodidad”.
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