Apotegma es un término que procede del vocablo latino apophthegma, aunque su origen más lejano se encuentra en la lengua griega. Un apotegma es un dicho breve y sentencioso, que incluye un contenido moral que pretende aleccionar.
Por ejemplo: “El escritor lanzó otro de sus célebres apotegmas antes de dar por terminada la entrevista”, “No vengas con otro apotegma: soy bastante adulto como para que me estés aconsejando sobre mi vida”, “El filósofo escribió varios apotegmas sobre la vida en el campo”.
Puede decirse que un apotegma es una sentencia breve que expresa un contenido importante sin necesidad de apoyarse o extenderse en otras oraciones. En este sentido, es posible comparar a los apotegmas con los aforismos, los refranes o los proverbios.
El aforismo suele ser creado por un individuo que se atribuye su autoría. Los proverbios, en cambio, nacen del pueblo y son anónimos. Lo mismo ocurre con los refranes que, además, llevan implícita alguna advertencia.
El apotegma, por lo tanto, resulta más similar al aforismo que al proverbio o al refrán, ya que su autor suele ser conocido. La principal diferencia entre el apotegma y el aforismo es que el primero no suele cubrir temas serios, además de resultar simpático o gracioso. Por eso el apotegma también puede ser una sentencia dicha con gracia que no incluye contenido moral.
Un ejemplo de apotegma es el pronunciado por el escritor Jorge Luis Borges sobre las personas que pertenecen al movimiento peronista: “Los peronistas no son ni buenos ni malos: son incorregibles”.