Escuchar es un verbo que hace referencia a la acción de poner atención en algo que es captado por el sentido auditivo. La palabra, que proviene del latín ascultāre, indica que la persona apela a las facultades de su oído para oír lo dicho.
Por ejemplo: “¿Puedes bajar la música, por favor? No logro escuchar la televisión”, “Traté de escuchar lo que me dijo Don Raúl al pasar, pero fue imposible”, “Te doy un consejo: dedícate a escuchar más y a hablar menos”.
El hecho de escuchar, por lo tanto, está vinculado a la audición y contempla un entramado psíquico y fisiológico que permite que una persona oiga.
Los seres humanos cuentan con un sistema auditivo que se divide en periférico (compuesto por las diversas regiones del oído) y central (formado por los nervios responsables de la audición y el cerebro). El primero se encarga de captar los sonidos y enviar las ondas al cerebro, mientras que el segundo impulsa la actividad psicológica que completa la percepción.
Cuando la oreja recibe una onda de sonido, se encarga de transmitirla hacia el tímpano a través del conducto auditivo. El tímpano recibe la onda y comienza a vibrar, permitiendo que unos huesos capten la vibración y amplifiquen el sonido. El sonido amplificdo después llega al oído interno y moviliza unos líquidos que actúan sobre las células ciliadas, a cargo de transformar la onda en un impulso eléctrico que pasa por el nervio auditivo y llega a la corteza auditiva. Recién ahí el ser humano logra interpretar el sonido.