La quemadura es la descomposición que sufre un tejido orgánico al entrar en contacto con el fuego o con una sustancia corrosiva o cáustica. Más allá de esta descomposición, se conoce como quemadura a la llaga, ampolla o impresión que hacen el fuego o las cosas muy calientes.
Por ejemplo: “El piloto sufrió graves quemaduras ya que, con el impacto, el motor de su coche explotó y se prendió fuego”, “Esta quemadura me la hice ayer con aceite hirviendo, cuando preparaba la cena”, “Las quemaduras producidas por el sol pueden arruinarte las vacaciones de verano”.
Es posible distinguir entre distintos tipos de quemaduras. Se conoce como quemadura térmica a aquella producida por el contacto con llamas, superficies calientes u otras fuentes de alta temperatura. Las quemaduras térmicas también pueden producirse por elementos a temperaturas muy bajas.
Las quemaduras químicas (que acontecen por la acción de agentes químicos) y las quemaduras eléctricas (originadas por la electricidad) son otros tipos de quemaduras.
Otra clasificación de las quemaduras está dada por su gravedad. Las quemaduras de primer grado sólo afectan a la capa superficial de la piel (epidermis) y producen su enrojecimiento y dolor al tacto.
Las quemaduras de segundo grado llegan hasta la dermis (la segunda capa de la piel) y suelen incluir la aparición de ampollas, supuraciones, sensibilidad al aire y la posible pérdida de parte de la piel.
Las quemaduras de tercer grado destruyen el tejido y atraviesan todo el espesor de la piel. Pueden destruir la capacidad de regeneración y hasta resultar indoloras, ya que los nervios quedan inutilizados.
Las quemaduras de cuarto grado, por último, son las más graves ya que incluyen daños a los músculos y los huesos. Pueden causar la necrosis y la pérdida de las extremidades. Estas quemaduras suelen ocasionarse a partir del congelamiento y el frío extremo.
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