Del latín anĭmus (que, a su vez, procede de un vocablo griego que significa “soplo”), ánimo es un término que puede utilizarse como sinónimo de energía, esfuerzo, voluntad o valor. Por ejemplo: “Ánimo, que ya estás cerca de terminar la carrera y recibirte”, “Tienes que juntar ánimo y decirle a Alejandra lo que sientes”, “El entrenador le dio ánimo a un equipo que sueña con revertir la serie”.
Ánimo también puede estar vinculado a la intención o el deseo: “No tuve ánimo de ofender a nadie, por eso quiero pedir disculpas a quienes se sintieron atacados por mis dichos”, “No te llamé con ánimo de pelear”, “Llegó al lugar con ánimo de pelear, insultando y agraviando a los presentes”.
En el lenguaje cotidiano, el buen ánimo está asociado a la felicidad, la alegría y la predisposición positiva en general: “Hoy estoy con buen ánimo: me gustan los días de sol”, “Tenemos algunos problemas, pero con buen ánimo todo es más fácil”.
En sentido contrario, el mal ánimo o el ánimo caído tiene relación con la tristeza, el decaimiento y la depresión: “Vamos a la casa de Marcos, está con el ánimo caído por el fallecimiento de su abuelo”, “Me preocupa el tío: últimamente está mal de ánimo y casi no come”.
Para el derecho, el ánimo de lucro es la intención de una persona o de una organización de obtener ganancias a partir de un acto jurídico (legal o ilegal). Las empresas tienen ánimo de lucro, que evidencian en sus operaciones comerciales (como la venta de productos). Las organizaciones no gubernamentales, en cambio, no tienen ánimo de lucro (sus acciones buscan el bien común).