Del latín auctorĭtas, la autoridad es el poder, la potestad, la legitimidad o la facultad. Por lo general se refiere a aquellos que gobiernan o que ejercen el mando: “Las autoridades han decretado el cierre de la fábrica acusada de contaminar el medio ambiente”.
La autoridad también es el prestigio ganado por una persona u organización gracias a su calidad o a la competencia en una cierta materia: “El Dr. López es una autoridad en lo referente a las cirugías cardíacas”, “Una autoridad en estas cuestiones como la Fundación de Investigación Aplicada ha ratificado la denuncia de los vecinos”.
La autoridad suele estar asociada al poder del Estado. Los funcionarios estatales tienen la facultad de mandar y de dar órdenes, que deben ser acatadas siempre que actúen con respeto hacia las leyes y normas vigentes.
La autoridad es, por lo tanto, una forma de dominación ya que exige o pide la obediencia de los demás. Sin obediencia, no existe la autoridad. Por ejemplo, si la maestra ordena a los estudiantes que hagan silencio y los alumnos no cumplen, la docente no está ejerciendo la autoridad que detenta formalmente con su rol.
Esto quiere decir que, más allá de los títulos y los nombramientos, la autoridad es algo que se ejerce y no que se ostenta. Puede darse la paradoja de que exista una autoridad sin autoridad, como podría ser el caso del jefe de una empresa cuyos empleados no le obedecen. En cambio, hay gente que no tiene ningún cargo formal pero, sin embargo, ejerce la autoridad (como un amigo que tiene poder e influencia sobre las decisiones de otro).