Nobleza es la cualidad de noble. Se trata de uno de los tres estamentos del Antiguo Régimen, junto al clero y el Tercer Estado (la plebe). Tras las revoluciones burguesas, la nobleza fue formalmente abolida del poder político, ya que su legitimidad no se sustentaba en la voluntad popular, aunque su influencia social se mantuvo.
Puede distinguirse entre distintos tipos de nobleza. Por un lado, existía una nobleza formada por las familias cuyos orígenes se remontan hasta los tiempos del Imperio Romano. Podría decirse que es el único tipo de nobleza real, ya que no puede transferirse ni existe forma de acceder a ella más allá de estas familias.
La nobleza de privilegio, en cambio, era concedida por el monarca a modo de recompensa por los servicios prestados al Estado. Esta nobleza podía ser tanto personal (finalizaba cuando el sujeto beneficiado fallecía) como transmisible (el noble legaba su condición a sus descendientes). En este sentido, hay que decir que la nobleza de sangre es aquella que se hereda de los antecesores.
Algunas formas de la nobleza eran los señores (donde la condición estaba dada por los recursos económicos que les permitían vivir sin trabajar), los caballeros (por lo general, accedían a la nobleza por los logros militares) y los cortesanos (condición a la que se llegaba por la posición en la Corte).
Los nobles contaban con ciertos beneficios: estaban exentos del pago de algunos impuestos, disponían de grandes extensiones de tierra y contaba con siervos a su disposición. Por lo general, los nobles vivían en lujosos castillos.
En el lenguaje cotidiano, la noción de nobleza está vinculada a valores humanos como la lealtad, la honestidad y la rectitud moral. Por ejemplo: “Pedro es un hombre de gran nobleza”.