Usurpación es un término que procede del latín usurpatĭo. Se trata de la acción y efecto de usurpar (apoderarse de una propiedad o de un derecho ajeno). Por ejemplo: “Un grupo de vecinos del barrio Las Rosas se manifestó en contra de la usurpación de los terrenos cercanos a la estación”, “La usurpación del espacio público por parte de los restaurantes y bares que sacan sus mesas a la calle es evidente”, “Si quieres evitar la usurpación, debes alambrar este campo”.
La usurpación suele realizarse por la fuerza, con violencia o a través de la intimidación. La persona que usurpa una propiedad puede ser conciente de su delito (y lo justifica a partir de sus propias necesidades o carencias) o haber sido engañada por un tercero (que le prometió que la propiedad no tenía dueño, por ejemplo).
El acto de usurpar está vinculado a la acción de ocupar, ya que vincula la aprehensión material (el usurpador ingresa a la casa y no sale de ella) con la voluntad de adquirir el dominio (cuando exige la titularidad y el derecho de la cosa usurpada).
El movimiento okupa hace un culto de la usurpación como forma de vida y de protesta social. Estos grupos ingresan y se apropian de terrenos desocupados (como casas abandonadas, ya sea de forma temporal o permanente), haciendo un usufructo de los mismos y denunciando la falta de conciencia social del legítimo dueño (por tener abandonado el terreno). Muchos sostienen que, ante los graves problemas de vivienda que existen en gran parte del mundo, la usurpación de casas vacías está justificada.
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