La apatía (del concepto latino apathīa) hace referencia a la dejadez, la indolencia y la falta de vigor o energía. Se trata, en otras palabras, de la impasibilidad del ánimo, reflejada en la carencia de entusiasmo y motivación.
La apatía es un término acuñado por la psicología para nombrar a un estado de indiferencia, en el cual la persona no responde a aspectos de la vida emocional, social o física. De acuerdo al nivel en que se presentan estos síntomas, se habla de depresión (nivel moderado), apatía clínica (nivel elevado) o trastorno de identidad disociativo (nivel extremo).
La apatía incluso puede ser específica hacia una persona, una actividad o un entorno. En estos casos es una reacción ante el estrés. La apatía también puede aparecer como una falta no patológica de interés en aquellas cuestiones que el sujeto no considera importantes.
Aunque, en el diagnóstico clínico, la apatía no indica pereza, el uso coloquial del término establece una correlación bastante directa. Para la religión, la pereza es un pecado capital que conduce a una mayor disociación con la vida y la presciencia u omnisciencia. En este contexto, la apatía y su disociación equivalen a un estado en el que el espíritu está destruido.
De todas formas, el concepto de disociación es controvertido. Algunas religiones, como el budismo, practican la meditación para alcanzar un estado de extrema indiferencia y luego beneficiarse de la experiencia. Hay teólogos que se oponen a la búsqueda de este nivel de apatía y lo denominan disociación.
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