El término egoísmo hace referencia al amor excesivo e inmoderado que una persona siente sobre sí misma y que le hace atender desmedidamente su propio interés. Por lo tanto, el egoísta no se interesa por el interés del prójimo y rige sus actos de acuerdo a su absoluta conveniencia.
El concepto proviene del ego que, de acuerdo a la psicología, la instancia psíquica mediante la cual un individuo se hace consciente de su propia identidad y se reconoce como yo. El ego es aquello que media entre la realidad del mundo físico, los impulsos del sujeto y sus ideales.
El egoísmo, por lo tanto, es un concepto opuesto al altruismo. La persona altruista sacrifica su propio bienestar por el beneficio de otros; es decir, busca el bien ajeno antes que el propio.
Por ejemplo: un grupo de tres personas hambrientas se encuentra frente a una mesa con dos sándwiches. Un egoísta se apresurará a tomar un sándwich y lo comerá rápidamente para evitar compartirlo con los demás. Un altruista, en cambio, dejará que los otros dos sujetos se alimenten y él se quedará sin comer.
Existen distintos tipos de egoísmo. El egoísmo psicológico es una teoría que afirma que la conducta humana está impulsada por motivaciones autointeresadas. El egoísmo ético considera que las personas ayudan a las demás pero siempre en búsqueda de un beneficio posterior (la ayuda representa un medio para obtener algo provechoso). El egoísmo racional, por otra parte, señala que la búsqueda del propio interés es fruto del uso de la razón.