Del francés farce (y este, a su vez, del latín farcire), una farsa es una pieza cómica, por lo general bastante breve, cuyo único objetivo es hacer reír a los espectadores. En la antigüedad, se utilizaba el término para referirse a todo tipo de comedia.
El mencionado vocablo latino farcire significa “rellenar”, un verbo que hace referencia a la costumbre de utilizar las farsas como interludios cómicos dentro de los dramas.
Las farsas surgen en la época medieval, cuando los géneros teatrales dominantes eran los misterios y las moralidades. Este nacimiento casi marginal hizo que, por mucho tiempo, las farsas fueran asociadas a los sectores más humildes de la sociedad.
Los personajes que forman parte de una farsa actúan de manera extravagante pero manteniendo la credibilidad y la verosimilitud. La trama de estas obras intenta mostrar la realidad de forma muy exagerada. Esto hace que las farsas puedan realizar una crítica social desde el humor.
En la actualidad, se conoce como farsa a la compañía de farsantes (es decir, las compañías teatrales dedicadas al género) y, en forma despectiva, a la obra dramática que resulta grotesca y desarreglada.
Más allá del mundo del teatro, una farsa es cualquier enredo o tramoya que pretende engañar a alguien. Por ejemplo: “Cuando era chico, mi familia montó una farsa para que yo no me diera cuenta que el canario había muerto”, “La vida de los personajes públicos es una farsa, siempre deben aparentar algo que, en realidad, no son”, “Terminemos con la farsa y hablemos con la verdad”.