Del latín illicĭtus, un ilícito es aquello que no está permitido legal o moralmente. Se trata, por lo tanto, de un delito (un quebrantamiento de la ley) o de una falta ética. Por ejemplo: “Hemos apresado a un hombre que acababa de cometer un ilícito en el centro comercial”, “El sospechoso tiene antecedentes por distintos ilícitos, desde robos hasta asesinatos”, “Es ilícito pensar que, con unos pocos gestos felices, subsanará años de injusticias”.
Se conoce como acto ilícito al acto contrario a derecho. La causa ilícita, por otra parte, es aquella que se opone a las leyes o a la moral: “El intendente cometió un acto ilícito y debe responder ante la Justicia”, “Mi despido tiene una causa ilícita: tengo derecho a exigir una indemnización”.
El enriquecimiento ilícito es un concepto que hace referencia al acto de enriquecerse por medios contrarios a la ley. La noción suele ser utilizada para nombrar al funcionario público que aprovecha su poder y autoridad para realizar negociados ilegales o que obtiene dinero gracias a sobornos: “El presidente será acusado por enriquecimiento ilícito ya que no pudo justificar cómo adquirió una mansión valuada en un millón de dólares”, “El funcionario quedó procesado por enriquecimiento ilícito y podría pasar hasta cinco años tras las rejas”.
El término contrario a ilícito es lícito (del latín licĭtus), que permite nombrar a aquello que es justo y que está permitido según la justicia y la razón: “El comportamiento del señor puede ser cuestionable desde el punto de vista ético, pero es lícito y no punible por la ley”.