El término ilusión tiene su origen en el latín illusĭo. Se trata de un concepto o una imagen que surge por la imaginación o a través de un engaño de los sentidos, pero que no tiene verdadera realidad.
Vinculada a los sentidos, una ilusión es una distorsión de la percepción. Puede hablarse de ilusiones ópticas (las más usuales), ilusiones olfativas, ilusiones auditivas, ilusiones gustativas o ilusiones táctiles.
La ilusión óptica lleva a percibir la realidad de manera distorsionada a través de la vista. Esa distorsión puede ocasionarse por cuestiones fisiológicas (mediante una estimulación excesiva en los ojos o en el cerebro) o cognitivas (según la forma en que percibimos el mundo).
Para la psicología, la ilusión es una esperanza que no tiene fundamentos. En sentido simbólico, puede decirse que una ilusión es un espejismo (algo que parece real pero que no lo es): “Tenía la ilusión de solucionar las cosas con ella pero me di cuenta que es imposible”, “Pensé que podía ganar la carrera, aunque era sólo una ilusión”.
Cabe destacar que la acepción positiva de ilusión (“Mi ilusión más grande es viajar a Europa para reencontrarme con mi abuelo”) sólo existe en el idioma español. En otras lenguas, el término siempre está relacionado a aquello que carece de sostén.
Se conoce como ilusionismo, por último, al arte escénico que consiste en utilizar diversos medios para crear la ilusión de ocurre algo imposible desde el punto de vista lógico: “Anoche vi en la televisión a un ilusionista que cortó a la mitad a una muchacha”.