Con origen en la palabra francesa latéralité, el concepto de lateralidad hace referencia a la predilección que nace de manera espontánea en un ser vivo para utilizar con mayor frecuencia los órganos que se encuentra en el lado derecho o en el lado izquierdo del cuerpo.
En el caso de los seres humanos, existe un número más elevado de diestros (que usan más el lado derecho) que de zurdos (privilegian el lado izquierdo). El origen de la lateralidad, de todos modos, no se conoce con precisión. Los expertos creen que está vinculado a que el hemisferio cerebral izquierdo, que se encarga de ejercer control sobre el lado opuesto, es el predominante.
La prevalencia del lado derecho, de todos modos, no es sólo una cuestión propia de la biología. La cultura se encarga de reforzar dicha tendencia a través de diversos mecanismos: en nuestra lengua, por ejemplo, el término siniestra (que deriva de un vocablo latino que puede traducirse como “a la izquierda”) tiene una connotación negativa.
Si un sujeto es obligado a emplear la mano contraria a la que elige de forma natural, estamos ante un caso de lateralidad forzada.
Se conoce como ambidiestro, por otra parte, a quien puede usar los dos lados del cuerpo con idéntica habilidad. Esto hace que el individuo esté en condiciones de escribir con cualquiera de las dos manos. La ambidestreza, de todos modos, es poco habitual y no implica que los ambidiestros no exhiban una mayor predisposición a usar un cierto lado de su cuerpo.