El diccionario de la Real Academia Española (RAE) reconoce tres significados del término nacionalismo. Se trata, por un lado, del apego de los naturales de una nación a ella. Por ejemplo: “En muchos países, el nacionalismo sólo se ve tras un éxito deportivo”, “Las guerras son tragedias que sirven para despertar el nacionalismo dormido de la población”.
El nacionalismo es, por otra parte, la ideología que atribuye una entidad diferenciada y propia a un territorio y a sus ciudadanos. Esta tendencia del pensamiento suele construirse en oposición a otros territorios: “El nacionalismo vasco más extremista volvió a golpear a la sociedad española”, “Aspiro a vivir en un Estado democrático, donde todos los nacionalismos sean escuchados”.
La aspiración de un pueblo a obtener una cierta independencia respecto a condiciones externas también se conoce como nacionalismo: “Quiero un programa político que defienda el nacionalismo y mantenga la propiedad estatal de nuestras empresas más importantes”.
Diversos movimientos políticos pueden sustentarse en el nacionalismo. El régimen fascista de Benito Mussolini y el nazismo de Adolf Hitler se autoproclamaban nacionalistas y, bajo esa bandera, atacaron a otros países. Estos casos históricos muestran también que el concepto de nacionalismo cambia con la historia: Hitler asoció su idea de Alemania a la raza aria y excluyó de la nación a otros colectivos sociales nacidos en el territorio alemán. Esto quiere decir que, para el nacionalismo de Hitler, un judío nacido en Berlín no pertenecía a la nación alemana. Para otras personas, en cambio, el nacionalismo está estrechamente relacionado al lugar de nacimiento.