Del latín passĭo, el concepto de pasión tiene diferentes usos. Se trata de la acción de padecer, lo que supone una perturbación o afecto desordenado del ánimo. Al ser escrito con mayúscula inicial (Pasión), el término hace referencia a la Pasión de Jesucristo (el vía crucis desde el momento en que fue capturado hasta su crucifixión y posterior sepultura).
El vía crucis, vía dolorosa o camino de la cruz es representado a través de una serie de imágenes de la Pasión, que son las estaciones que corresponden a incidentes particulares que Jesucristo sufrió para salvar a la humanidad.
La Pasión de Jesucristo está compuesta por quince estaciones, que incluyen su arresto, la negación por Pedro, la condena a muerte por Poncio Pilato, la crucifixión y su resucitación (ésta última estación fue añadida por el Papa Juan Pablo II).
En otro sentido, se conoce como pasión a la afición vehemente a algo (por ejemplo, “El fútbol es mi pasión”) y a la inclinación muy fuerte de alguien a otra persona (“Te amo con pasión”).
En el primer caso, la pasión aparece vinculada al fanatismo y a una cierta obsesión. En el segundo ejemplo, la pasión está más bien asociada al amor y a la atracción sexual. Dos personas apasionadas dejan de lado la racionalidad y se comportan de manera emocional. En otras palabras, la pasión es liderada por el corazón y no por el cerebro.
Cuando una persona responde a su pasión, su principal intención es satisfacer su deseo y expresar sus sentimientos sin restricciones ni limites.
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