
La intencionalidad del hablante es estudiada por la filosofía del lenguaje.
La filosofía del lenguaje es una disciplina filosófica que estudia el origen del significado, la pragmática y la interpretación de los enunciados, entre otras cuestiones. Puede decirse que analiza las características esenciales y más amplias del lenguaje, vinculándolo con la realidad y el pensamiento.
Cabe destacar que la filosofía es el conjunto de los conocimientos que apuntan a reconocer y explicar racionalmente las bases y los preceptos que rigen la comprensión de lo real y el sentido del accionar de las personas. El lenguaje, en tanto, es la capacidad humana de expresión y comunicación que apela a un sistema de signos.
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ResumenHistoria de la filosofía del lenguaje
La historia de la filosofía del lenguaje tiene antecedentes remotos. Sus inicios suelen asociarse al vínculo entre el lenguaje y la religión, con el abordaje de la palabra de Dios en el cristianismo y el judaísmo, incluso en los libros sagrados.
En la Antigüedad, uno de los primeros filósofos en centrarse en este tipo de reflexiones fue Platón. Este pensador presentó el debate entre Crátilo y Hermógenes sobre el surgimiento del lenguaje y la esencia del significado: mientras que el primero creía en la existencia de denominaciones que son correctas por naturaleza, el segundo sostenía la arbitrariedad de la relación entre los términos y aquello que designan. Aristóteles, por su parte, introdujo ideas como la importancia de la abstracción en la significación y del establecimiento de categorías para lograr un orden.
La época medieval tuvo grandes aportes de San Agustín sobre la materialidad de los signos y de Guillermo de Ockham acerca de la codificación del pensamiento. No obstante, se considera que una de las primeras obras que pueden enmarcarse en la concepción actual de la filosofía del lenguaje apareció en la Edad Moderna: «Ensayo sobre el entendimiento humano», escrito por el británico John Locke y publicado en 1690. En ella, el autor asocia la semántica y la epistemología e introduce el concepto de significación primaria, referente a lo que significan las palabras en la mente del individuo.
Fue el alemán Gottlob Frege quien realizó contribuciones claves para la noción contemporánea de la filosofía del lenguaje, al especificar que el significado no solo incluye a la referencia, sino también al sentido. Así explica que una expresión tiene un objeto al cual alude y, además, un modo particular de aludir a dicho objeto.
Ludwig Wittgenstein, por su parte, se centró en la estructura lógica que hace posible construir un puente entre lo real y lo expresado, recurriendo a lazos de veracidad. Este filósofo luego subrayó que el significado de las palabras se construye con su utilización pública: no puede existir un lenguaje «privado» ya que la significación se desarrolla según normas que derivan de las prácticas sociales.
Como se puede advertir, distintas corrientes y visiones se fueron sucediendo y complementando en el devenir histórico de la filosofía del lenguaje, un área del conocimiento que hoy continúa desarrollándose con el trabajo de nuevos teóricos.

La filosofía del lenguaje analiza el vínculo entre el significado de las palabras y la verdad.
Principales características
La filosofía del lenguaje se dedica al análisis general del lenguaje, considerando los rasgos comunes en todas sus manifestaciones. No busca realizar una descripción formal ni funcional, sino que tiene una visión amplia y más abstracta que práctica.
Estas características hacen que se diferencie de la lingüística. Su enfoque trasciende lo empírico y pretende indagar en cómo la realidad y el saber se construyen a partir del lenguaje.
La relación que existe entre el lenguaje y el sentido o el significado es uno de sus objetos de estudio, que examina a través de la semántica. Otro de sus campos principales es el vínculo entre las personas y el lenguaje, abordándolo desde la pragmática. Desde los preceptos de la sintaxis, en tanto, analiza los componentes estructurales.

Existen puntos en común y diferencias entre la filosofía del lenguaje y la lingüística filosófica.
Ejemplos de filosofía del lenguaje
Para comprender cómo se desarrolla la filosofía del lenguaje, es interesante repasar algunos ejemplos de situaciones y fenómenos que reflejan la naturaleza del significado y la construcción de la realidad.
Tomemos el caso de Wittgenstein. Para este autor, cada palabra adquiere su significado al utilizarla en un contexto determinado. Dicho significado parte de una presuposición de la capacidad de uso del individuo. En una de sus obras, Wittgenstein se centra en la definición de la palabra «juego» y observa que existen múltiples posibilidades. Considerando sus ideas, podemos decir que el concepto no significa lo mismo para un basquetbolista profesional en la final de la NBA que para un niño que lanza al aro con sus amigos en un parque, por ejemplo. Si se piensa en el significado partiendo del componente competitivo, a su vez, quedan afuera opciones lúdicas como el solitario. No obstante, todas las personas pueden emplear el término correctamente y comprenden cuando alguien se refiere a jugar a algo.
Pensemos ahora en las ideas de Frege sobre el sentido y la referencia. Este intelectual subrayó que es posible referirse de diversas maneras a una misma entidad. Por ejemplo, «La Pulga» y «el diez de Argentina» son expresiones que comparten la misma referencia (Lionel Messi) con distintos modo de presentación.
Otro ejemplo de filosofía del lenguaje lo encontramos siguiendo los planteos de escritores como John L. Austin (creador de «Cómo hacer cosas con palabras») y John Searle sobre los actos de habla. De este modo es posible reconocer actos ilocutivos que concretan acciones con su pronunciación («Los declaro marido y mujer» es una sentencia que establece la instauración de un matrimonio), a diferencia de los actos locutivos que se focalizan en lo que enuncian de manera literal («El restaurante cierra sus puertas a las tres de la tarde»). También existen los actos perlocutivos, centrados en los efectos que genera el mensaje (el grito de «¡Cuidado!» para que el oyente preste atención y evada un peligro).

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