La Real Academia Española menciona tres definiciones de la palabra actitud, un término que proviene del latín actitūdo. De acuerdo a la RAE, la actitud es la disposición de un ánimo que se manifiesta de algún modo (por ejemplo, una actitud amenazadora). Las otras dos definiciones hacen referencia a la postura: de un cuerpo humano (cuando expresa algo con eficacia o cuando es determinada por los movimientos del ánimo) o de un animal (cuando llama la atención por algún motivo).
La actitud también ha sido definida como un estado de disposición nerviosa y mental, que es organizado mediante la experiencia y que ejerce un influjo dinámico u orientador sobre las respuestas que un individuo ofrece a los objetos y a las situaciones.
Por lo tanto, la actitud es más bien una motivación social antes que una motivación biológica. Es una predisposición aprendida para responder de un modo consistente a un objeto social. Por eso, la psicología social analiza las actitudes para predecir conductas. Al observar las actitudes de un sujeto, puede preverse su modo de actuar.
Se han distinguido tres componentes de las actitudes: el cognoscitivo (formado por las percepciones y creencias hacia un objeto, así como por la información que tenemos sobre el mismo), el afectivo (el sentimiento en favor o en contra de un objeto social) y el conductual (la tendencia a reaccionar hacia los objetos de una cierta manera).
Las actitudes cumplen con varias funciones en la vida social, ya sean instrumentales, expresivas, de adaptación social o defensivas, por ejemplo.
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