La corriente de la psicología que se encarga del análisis de las modificaciones en la psiquis y en la conducta a través del tiempo es la psicología del desarrollo. Esta disciplina abarca el periodo que comienza con el nacimiento del individuo y finaliza con su fallecimiento, estudiando los diversos contextos para explicarlos en función de la persona.
En la historia de la psicología del desarrollo se pueden distinguir cuatro grandes fases históricas. Una primera etapa se lleva cabo entre el siglo XVIII y mediados del siglo XIX, donde se realizan distintas observaciones que suponen los primeros esbozos de esta disciplina. La segunda fase ya contempla la concepción de la psicología del desarrollo como una entidad que debe tener independencia, con el objetivo de determinar similitudes entre los menores de edad y quienes transitan la adultez. En la tercera etapa señalada por los especialistas, la psicología del desarrollo logra consolidarse, mientras que la cuarta incluye su expansión con la revisión de sus postulados teóricos y la creación de otros nuevos.
Entre las distintas vertientes teóricas de la psicología del desarrollo, pueden mencionarse a las teorías organicistas (que postulan que, cuando el individuo supera distintas etapas, se produce un cambio y el consiguiente desarrollo), las teorías mecanicistas (afirman que las modificaciones conductuales y el desarrollo son cuantitativos) y las teorías socioculturales (centradas en la relevancia de la influencia social sobre la persona).
Hay que tener en cuenta, por otra parte, que la psicología del desarrollo se encarga del estudio de tres campos que se encuentran en permanente interacción: el biológico (vinculado a la evolución física corporal y cerebral), el cognitivo (la manera en la que evolucionan las capacidades y los procesos de la mente) y el psicosocial (centrado en los vínculos que el sujeto establece con el entorno).