
La memoria es clave en la obtención y la interpretación de conocimientos.
El conocimiento es un conjunto de información que puede almacenarse mediante la experiencia y el aprendizaje (a posteriori) o a través de la introspección (a priori). En el sentido más amplio del término, se trata de la posesión de múltiples datos interrelacionados que, al ser tomados por sí solos, poseen un menor valor cualitativo.
Uno de los grandes pensadores que reflexionó sobre estas cuestiones fue el filósofo griego Platón. Para él, el conocimiento es aquello necesariamente verdadero (episteme). En cambio, la creencia y la opinión ignoran la realidad de las cosas, por lo que forman parte del ámbito de lo probable y de lo aparente.
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ResumenCaracterísticas del conocimiento
El conocimiento tiene su origen en la percepción sensorial, después llega al entendimiento y concluye finalmente en la razón. Se dice que el conocimiento es una relación entre un sujeto y un objeto. El proceso de cognición involucra cuatro elementos: sujeto, objeto, operación y representación interna.
La ciencia considera que, para alcanzar el conocimiento, es necesario seguir un método. El conocimiento científico no sólo debe ser válido y consistente desde el punto de vista lógico, sino que también debe ser probado mediante el método científico o experimental.
La forma sistemática de generar conocimiento tiene dos grandes etapas: la investigación básica, donde se avanza en la teoría; y la investigación aplicada, donde se aplica la información. De todas maneras, es importante subrayar que existen otras clasificaciones.

La curiosidad y la creatividad resultan muy importantes a la hora de generar conocimientos.
La fijación y la transmisión
Diversos estudios psicológicos y médicos demuestran que los conocimientos se fijan con mucha más firmeza en el cerebro si se acompaña el proceso de aprendizaje con ciertas acciones físicas, como hablar, mover partes del cuerpo o cantar, entre otras. Por ejemplo, hay quienes no se sienten cómodos al leer en voz alta como recurso para favorecer la memorización, aunque en esto entran en juego las preferencias personales; sin embargo, para vocablos nuevos o textos de poca extensión, hay evidencia que complementar la lectura en silencio con la repetición oral puede ayudar a recordar.
Es importante resaltar que compartir los conocimientos es un acto tan generoso como beneficioso debido a que al pasar la sabiduría propia a los demás, también quedan en evidencia los espacios en blanco y los errores. Asimismo, al recibir una respuesta por parte del otro aparece la oportunidad de mejorar, pasando de forma constante y dinámica del rol de maestro al de alumno.
Hay que resaltar el rol de la educación en la transmisión formal del saber. A través de la enseñanza, los maestros y los profesores ayudan a que los estudiantes adquieran conocimientos. Es importante tener en cuenta que en la actualidad se considera que el conocimiento no se transmite de manera lineal y directa (es decir, del educador al alumno): la dinámica educativa implica una interacción donde el docente incentiva la reflexión y el pensamiento crítico del aprendiz para que éste, con el aporte y la guía del docente, se capacite para la resolución de problemas y pueda avanzar hacia la toma de decisiones autónomas.

La comprensión del conocimiento requiere del uso de la lógica, la síntesis y otras habilidades.
Tipos de conocimiento
Cuando el conocimiento es codificable y puede ser transmitido de un sujeto a otro mediante una comunicación formal, se habla de conocimiento explícito. En cambio, si el conocimiento es difícil de comunicar y se relaciona a experiencias personales o modelos mentales, se trata de conocimiento tácito o implícito.
Para adquirir nuevos conocimientos existen, por lo tanto, varios caminos posibles. Por un lado están los que se van incorporando de forma involuntaria a cada momento, como parte del desarrollo de una persona: en este grupo se incluyen todas aquellas acciones fundamentales para vivir, como el uso de cubiertos para comer, el aseo personal e incluso correr y saltar. El individuo no «decide» aprender esas cosas, aunque eso no significa que luego no deba esforzarse.
En este punto es necesaria la influencia de un mayor, en algunos casos ejercida por los padres y en otros por los maestros, el resto de los familiares o los tutores legales. Pero ya desde la infancia un ser humano puede mostrar más o menos deseos de aprender cosas más allá de las básicas, y es así que surgen muchas vocaciones: niños y niñas que, sin explicación aparente, se acercan a un piano o a un lienzo o bien que despliegan una destreza peculiar con un balón, comenzando un camino especial de exploración.
Ya en la adultez, el estudio se vuelve mucho más estructurado, incluso para quienes escogen caminos alternativos, propios del autodidacta. Gracias a la experiencia adquirida en la infancia, la persona sabe que ciertas prácticas son especialmente adecuadas para la concentración, que no debe excederse en la cantidad de horas seguidas dedicadas al aprendizaje, que conviene contrastar los conceptos usando al menos dos fuentes diferentes y que la mayor riqueza se encuentra en la puesta en práctica de los conocimientos. No importa el ámbito: la teoría nunca suele ser suficiente.
Otra clasificación alude al conocimiento intuitivo, que surge por estímulos o sensaciones sin que se necesite un razonamiento previo. El conocimiento práctico o conocimiento empírico, en tanto, procede de la observación y la experiencia. Por otro lado, el conocimiento científico es aquel que es objetivo, verificable y sistemático.
