Definición de

Créditos de carbono

Los créditos de carbono son un recurso que permite la compensación de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). A través de este instrumento financiero, una empresa o un país puede contrarrestar aquellas emisiones que no logró evitar, otorgando un respaldo a un proyecto que beneficia al medio ambiente.

Suele indicarse que estos créditos (también conocidos como bonos de carbono) son derechos de emisión de dióxido de carbono (CO2) u otros GEI, aunque dentro de ciertos límites y teniendo en cuenta diversas restricciones. La comercialización de estos créditos, los cuales son sometidos a una verificación independiente por parte de terceros, se desarrolla en los llamados mercados de carbono. Otra manera de entender los créditos de carbono es como un mecanismo acordado internacionalmente para reducir la contaminación atmosférica.

Contaminación

Los créditos de carbono surgen a través de proyectos de reducción de emisiones.

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La problemática del calentamiento global

Para comprender qué son los créditos de carbono, primero hay que centrarse en el fenómeno del calentamiento global. El sistema climático de la Tierra, que se compone de la biósfera, la litósfera, la criósfera, la hidrósfera y la atmósfera, registra variaciones que llevan a una modificación de su estado cada cierta cantidad de tiempo.

Estas alteraciones suponen un cambio climático, que puede darse de manera progresiva o abrupta. Los cambios climáticos se producen desde el nacimiento de nuestro planeta y se asocian a diferentes causas.

En la actualidad, de acuerdo al consenso científico, hay un cambio climático en marcha que, a diferencia de los precedentes, no es natural sino antropogénico: esto quiere decir que las alteraciones son provocadas por el ser humano. En concreto, se registra un calentamiento global debido a que las actividades industriales y los hábitos de las personas están incentivando un aumento de la temperatura media del mundo.

Dicho calentamiento global, a su vez, está relacionado con el efecto invernadero. Los GEI que se acumulan en la atmósfera capturan parte de la radiación solar, que luego de rebotar contra la superficie terrestre no consigue regresar al espacio exterior.

Para impedir que las temperaturas se sigan incrementando y lograr una mitigación del cambio climático, por lo tanto, es imprescindible reducir la emisión de GEI y la huella de carbono. En este punto entran en juego los bonos o créditos de carbono.

Huella de carbono

Los países industrializados pueden asumir su responsabilidad ambiental mediante los créditos de carbono.

Historia de los créditos de carbono

La concientización acerca del calentamiento global fue progresiva y está asociada a sus evidencias cada vez más notorias, certificadas por numerosos estudios científicos. Así fue que, en 1992, tuvo lugar la adopción de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que reconoció la existencia del cambio climático y se propuso controlar las emisiones de GEI.

Esta convención marco solicitó a los países industrializados medir sus emisiones y regularlas para que los ecosistemas se puedan adaptar de forma natural a la modificación del sistema climático, pero sin atentar contra el desarrollo de la economía. Recién a fines de 1997, con el Protocolo de Kioto, comenzaron a aplicarse los tratados de la convención del ´92, comprometiendo a los firmantes a adoptar las medidas necesarias para reducir los GEI.

El Protocolo de Kioto distingue entre los países industrializados y aquellos subdesarrollados. A los primeros les exige una reducción de las emisiones ya que los reconoce como los principales responsables de la contaminación a lo largo del último siglo y medio. A los segundos, en cambio, solo les hace una sugerencia, atendiendo las realidades socioeconómicas de cada uno.

En este contexto, la economista y matemática argentina-estadounidense Graciela Chichilnisky fue quien promovió la creación de los créditos de carbono, una propuesta que finalmente fue incorporada al Protocolo de Kioto. El sistema ideado por Chichilnisky se basa en la consideración del derecho a emitir dióxido de carbono (el principal GEI) como un bien que puede intercambiarse y que tiene un precio determinado por el mercado.

Así, los países y las compañías que emiten más CO2 del permitido pueden contrapesar ese daño ambiental adquiriendo bonos y realizando de este modo una compensación de carbono. Cada bono equivale a una tonelada de dióxido de carbono (o su equivalencia en otro GEI). El financiamiento asociado a estos instrumentos se destina a proyectos que sean beneficiosos para la ecología, como trabajos de reforestación, producción de energías renovables (como energía eólica o energía solar) o limpieza de ríos, por mencionar algunas posibilidades.

Cuidado del medio ambiente

Los créditos de carbono apuntan al cuidado del medio ambiente impulsando el desarrollo sostenible.

Funcionamiento y regulación

El sistema de créditos de carbono instaurado por el Protocolo de Kioto contempla dos mecanismos:

  • Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL): Los países industrializados pueden invertir en iniciativas que minimicen las emisiones de GEI en naciones en vías de desarrollo, compensando así las propias emisiones que no consiguen dejar de realizar en sus territorios.
  • Implementación Conjunta (JI): Los países desarrollados logran una compensación de sus emisiones mediante proyectos que lleven a una reducción de emisiones en otras naciones industrializadas.

En cuanto a la generación en sí misma de los créditos de carbono, se concreta con proyectos que consiguen eliminar o reducir emisiones, los cuales deben respetar determinadas metodologías y contar con la verificación de una organización acreditada independiente. El American Carbon Registry (ACR) Standard y el Verified Carbon Standard (VCS) son dos los estándares de verificación.

Es importante indicar que, pese a lo acordado, no se logró comprobar que los créditos de carbono se hayan empleado a lo largo de los años como se suponía. Por eso en 2015 el Acuerdo de París instauró un mercado de carbono mundial y sometido a regulación, aún sin funcionamiento, que contempla los intercambios de los créditos entre naciones y los créditos que se generan por los proyectos. De todos modos, todavía siguen vigentes mercados regionales como el European Trading Scheme (ETS) de la UE.

Cabe destacar que, además de los mercados regulados (sometidos a requisitos normativos), existen el mercado voluntario de carbono (gestionado por organizaciones privadas).

Cómo citar este artículo Julián Pérez PortoPublicado por Julián Pérez Porto, el 20 de marzo de 2024. Créditos de carbono - Qué es, historia, definición y concepto. Disponible en https://definicion.de/creditos-de-carbono/
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