La empatía es la identificación mental y afectiva que experimenta una persona frente al estado de ánimo de otra. También se conoce como sinónimo del concepto de inteligencia interpersonal, una noción que describe la capacidad cognitiva de sentir, en un marco común y en condiciones normales, aquello que un individuo distinto logra percibir.
La empatía hace foco en la actitud de alguien hacia otro y consiste en el esfuerzo de carácter objetivo y racional para completar un proceso de comprensión intelectual para interpretar los sentimientos del otro. Por lo tanto, la empatía deja afuera los fenómenos de raíz afectiva (simpatía, antipatía) y los juicios morales. Por eso, la empatía es una de las herramientas que aprovechan los psicólogos en su tarea profesional.
La empatía también se diferencia del contagio emocional, ya que éste aparece cuando alguien experimenta un estado afectivo idéntico al de otro sin mantener ninguna distancia. Estas características hacen que algunos investigadores prefieran referirse a la empatía cognitiva, ya que reposa sobre un mecanismo neutro.
En otras palabras, la empatía permite hacer referencia a la capacidad intelectiva de todo ser humano para vivenciar la forma en que otro individuo siente. Esta capacidad puede desembocar en una mejor comprensión de sus acciones o de su manera de decidir determinadas cuestiones. La empatía otorga habilidad para comprender los requerimientos, actitudes, sentimientos, reacciones y problemas de los otros, ubicándose en su lugar y enfrentando del modo más adecuado sus reacciones emocionales.
Resulta interesante resaltar que el desarrollo de la empatía exige un cierto nivel de inteligencia: por eso, quienes son diagnosticados con síndrome de Asperger, autismo o padecen algunas psicopatías carecen de esta habilidad cognitiva. Las personas con empatía, destacan los expertos, tienen la capacidad de oír a los demás y de comprender tanto sus problemas como cada una de sus acciones.