El concepto de hipoacusia no forma parte de los términos incluidos dentro del diccionario de la Real Academia Española (RAE). Esto no impide, sin embargo, que la noción tenga un uso extendido. La hipoacusia refiere a un daño en la capacidad de audición de una persona.
El grado de hipoacusia se define de acuerdo a la capacidad del sujeto de escuchar sonidos de diferente intensidad. Su umbral auditivo, por lo tanto, se determina según el estímulo menos intenso que el individuo es capaz de captar.
La hipoacusia o sordera puede clasificarse de forma cuantitativa (de acuerdo a cuánto se ha perdido de la capacidad de audición), locutiva (vinculada al lenguaje), etiológica (según las condiciones etiológicas) o topográfica (determinada por el sitio donde se halla la lesión causante de la pérdida de audición).
La clasificación más habitual es la cuantitativa, que permite indicar si una persona sufre de hipoacusia leve, moderada, grave o profunda, según las frecuencias que no logra escuchar.
Diversas evaluaciones permiten desarrollar el diagnóstico de la hipoacusia. El test de Schwabach (que realiza una comparación entre la estructura ósea del paciente y quien examina), el test de Weber (con un diapasón, estudia los dos oídos de manera simultánea), el test de Rinne (analiza cómo se perciben los sonidos en un oído), el test de Gellé (que detecta la otosclerosis) y la audiometría tonal supraliminar son algunos de ellos.
Respecto al tratamiento de la hipoacusia, en algunos casos existen soluciones quirúrgicas, mientras que en otras situaciones no hay cura posible para el déficit.