Un telescopio es un instrumento que permite visualizar un objeto lejano con un detalle mucho mayor que a simple vista. Ofrece, por lo tanto, una imagen agrandada del objeto en cuestión.
Su historia está vinculada a diversos descubrimientos ópticos y físicos. El primer telescopio habría sido creado en 1608 por el científico alemán Hans Lippershey (1570-1619). Se trataba de un telescopio refractor con un lente objetivo convexo y un ocular cóncavo: la refracción de la luz en la lente hace que los rayos paralelos converjan en un punto del plano focal.
Con el tiempo surgieron los telescopios reflectores que, en lugar de lentes, utilizaban espejos para enfocar la luz y formar la imágenes. Otro tipo de telescopios son los catadióptricos, que combinan las cualidades de las lentes y los espejos.
El primer telescopio astronómico fue registrado en 1609 por Galileo Galilei, quien logró observar al planeta Júpiter, la Luna y diversas estrellas. A partir de entonces, los telescopios fueron la base del desarrollo de la astronomía (la ciencia que estudia los cuerpos celestes).
El diámetro del objetivo (ya sea del espejo o de la lente principal del telescopio), la distancia focal (la distancia existente entre el espejo o lente y el foco donde se sitúa el ocular), el filtro (un accesorio que se usa para opacar la imagen del astro observado) y el aumento (la cantidad de veces que puede multiplicarse el diámetro aparente del objeto observado) son algunos de los parámetros que permiten caracterizar a un telescopio.
El telescopio espacial Hubble es uno de los más famosos del mundo. Fue puesto en órbita en 1990 y se encuentra fuera de la atmósfera terrestre.