Ciertos pensamientos o impulsos pueden generar un trastorno psicológico en una persona. Para mantener dichas ideas bajo control, los seres humanos apelan a mecanismos de defensa, constituidos por operaciones mentales que carecen de razonamiento y que permiten minimizar los efectos de una situación que causa estrés. De este modo, el mecanismo de defensa ayuda a que la psiquis de la persona mantenga su funcionamiento normal.
La psiquis del ser humano está compuesta por diversos modos de comportamiento que se forman a partir de la genética, el instinto inconsciente y las características del desarrollo.
Los sujetos saludables logran conservar un equilibio entre estas tres fuerzas. Cuando una de ellas prevalece sobre las otras (por ejemplo, el instinto sobre la genética o los factores que surgen por el desarrollo), los mecanismos de defensa actúan para reestablecer el balance.
En concreto, los mecanismos de defensa son comportamientos que no se desarrollan de manera conciente y que ayudan al individuo a superar la angustia o la frustración.
Los psiconoalistas reconocen diversos mecanismos de defensa, como el desplazamiento (trasladar el sentimiento que produce una situación o una persona hacia otra situación o sujeto), la negación (actuar como si ciertas cuestiones de la realidad no tuvieran existencia), la represión (el olvido inconsciente de aquello que, si se presentara a la conciencia, generaría dolor), la proyección (un pensamiento que produce dolor es proyectado hacia algo que la persona no siente como propio) o la sublimación (la canalización de un impulso hacia una salida más tolerable), entre otros.
En los casos en que estos mecanismos de defensa no alcanzan para reestablecer el equilibrio, el individuo comenzará a experimentar reacciones como depresión, estrés y ansiedad.